martes, 25 de septiembre de 2007

PARA VOLVERLA A VER...

Mi Noche con Maud – Eric Rohmer

En Rohmer la mirada es directa, pues se centra en sus personajes y lo que dicen, tal como él lo dijo; puestos allí para que “digan”. Entonces ellos hablan y debaten: de Pascal, del matrimonio, del catolicismo, y el fondo es el mismo; el siempre cimbreante camino de la moral en los amantes. Porque son justo ellos, no solo los protagonistas sino también el escenario.

Todo en Rohmer es austero, a excepción de los diálogos, que nos intentan presentar a los personajes; aunque tendamos a internalizarlos más a partir de lo que esconden en la acción. El uso del blanco y negro refuerza la idea de centrarnos en lo que dicen. Gran trabajo de Néstor Almendros que nos permite dibujar muy bien los escenarios, los tonos de gris están muy bien divididos y simplemente desaparece la escenografía, sólo quedan los personajes.

Jeane Lousie, joven ingeniero que regresa a Francia luego de varios años, es el protagonista y centro del debate moral, choca constantemente; desde la primera secuencia, cuando se distrae de la ceremonia litúrgica por ver a una mujer: Francoise, por quien se siente atraído de inmediato. Una voz en narración nos avizora, no sólo su deseo sino también su convicción de que ella será su esposa.

Se encuentra con Vidal, antiguo compañero del Liceo quien lo invita a pasar la noche buena en casa de una amiga. Entrañable escena en el departamento de Maud (encandilante Francoise Fabián), allí se debate Jeane siendo el centro del cuestionamiento, su catolicismo, es siempre puesto a prueba por sus compañeros de velada y aunque termina siendo impermeable, el mismo se cuestiona, hipócritamente, escapando a los arrebatos de Maud, pero intenta ceder en segundo término. La doble moral se degenera al pasar de soslayo con las necesidades más internas de los hombres. Y él es testigo, pues queda prendado de Maud y sin embargo no duda en abordar a Francoise a quien vuelve a encontrar por casualidad.

El tema moral es complejo en Rohmer, redime a sus personajes a partir de la culpa, todos han engañado y han sido engañados. Así, por ejemplo, borran sus deudas Francoise y Jeane Louise una vez casados, simplemente dejando de lado aquello que los perturba. Tal como en la última secuencia cuando la pareja se encuentra con Maud luego de cinco años y decide con este encuentro dar por cerrado sus capítulos pasados. Salta aquí, un postrer sentimiento, que Rohmer crea a Maud como una estación de definitiva importancia, pero que finalmente se termina abandonando. Y es ella, dentro de todo el bagaje de personajes, quien pierde.

Escrito por Daniel Anteparra O.

1 comentario:

David C. dijo...

es una cinta buenisima