martes, 6 de noviembre de 2007

CRÍTICA: EL DUELO

Jet li se presenta nuevamente en una película de artes marciales y según propias palabras ha de ser la última en la participe de este tipo. Se tiene que lamentar, desde mi punto de vista, que sea este film el que lo despida de este género, ya que se plantea como ambiciosa al principio, poniendo a Huo Yuanjia (Jet Li) como el mejor luchador posible que reta a quien se atreva acercase a su nivel, pero la trama se torna muy convencional.

En principio el detonante de que Huo Yuanjia se dedique a las artes marciales es las pérdida de un duelo a muerte por parte de su padre (se me pierde el número de films del género que comienza así). Luego de esto la historia provoca expectativa al ser asesinada su familia por venganza a la muerte de un maestro con el que luchó.

El personaje emprende un viaje errante que es desperdiciado argumentalmente, pues se podría haber profundizado más en la nueva visión que adquiere, ya que Huo Yuanjia se arrepiente y decide llevar una vida apacible junto a la abuela Sun y su nieta ciega, soslayándose un posible amorío con esta.

Finalmente encuentra una razón para seguir luchando, pero es aquí donde se genera un desenlace muy “apurado”, se halla bien el esquema, pero no se le da el peso visual necesario.

No les platico más del final, pero es probable que piensen, que“es solo una película más de pelea”.

Escrito por Carlos Alagón.

martes, 30 de octubre de 2007

PARA VOLVERLA A VER...

Los Puentes de Madison - Clint Eastwood

Es grata y liberadora la experiencia de este film. Desde el inicio todo se sostiene sobre el personaje de Francesca, y muy bien que lo hace Meryl Streep, con una interpretación fantástica. Casada, casi atada y semi-circunscrita al ámbito de su casa. Cada gesto nos la revela en una mayor dimensión. Para acabar quizás igual que antes pero con una llama ardiendo en el interior.

El film se desarrolla en paralelo: las acciones del presente, con los hijos de Francesca luego de su muerte que empiezan a develar ciertos detalles antiguos a partir de un diario íntimo escrito por ella. Esto decanta en una nueva forma de ver a la madre ahora como mujer. Y la vemos vivir su historia con Robert Kincaid, fotógrafo de la National Geographic.

Es liberador ver como Francesca se embarca desde el inicio en esta aventura, rompe una a una cada atadura. Un camino y un hombre se le presentan y pese a la duda decide embarcarse. Desde allí todo cambia. Clint Eastwood usa la figura del camino, del puente. Cambia ella a cada instante. Y siempre el camino, solitario.

El de Eastwood es un film de mucha calma, pero que igual desborda pasión desde el interior. Se apoya en el diálogo, pero no para presentarnos a los personajes, sino para que interactúen y a partir de allí los vayamos descubriendo. Kincaid, personaje principal, descubre y se descubre en esa mujer. Sin embargo saben, se internan en una aventura finita.

Todo se centra en ellos dos dejando de lado cualquier otro detalle. Así lo busca Eastwood, nos quiere concentrados en ambos, en cada discusión, halago, pelea, olvido, todo es importante en una relación así; hasta el más insignificante detalle. Entonces cada disturbio ayuda al conflicto, alejándolos más.

Vale la pena ver el film y sólo llegar hasta la memorable escena en que Robert Kincaid bajo una lluvia ardorosa se despide, y Francesca con la mano en la manija de la portezuela y apunto de abandonarlo todo renuncia definitivamente a él, viendo su camioneta doblar la esquina y desaparecer.

Pese a lo subjetivo del termino; indispensable.

Escrito por Daniel Anteparra.

jueves, 11 de octubre de 2007

PARA VOLVERLA A VER...

"NUECES PARA EL AMOR"

UNA HISTORIA CONMOVEDORA DE ENCUENTROS Y DESENCUENTROS

Para decir algo sobre "Nueces para el amor" y más aún para recomendarla a volverla a ver, es imprescindible darle una definición; en ese sentido podemos decir que esta película es una de las mejores historias de amor del cine hispanoamericano. Su historia, sus actuaciones, su musicalización, su lenguaje narrativo, y todo los demás elementos cinematográficos forman un conjunto sui generis que tiene como director al argentino Alberto Lecchi.

Marcelo y Alicia, que se conocieron en la adolescencia y que se volvieron a encontrar varias veces a lo largo de sus vidas, son una pareja imposible de realizarse plenamente por cada abrupta circunstancia que interfiere en sus deseos dentro de una Argentina llena de abruptos hechos históricos. En estas circunstancias de la historia, ambos personajes nos muestran que el amor es antónimo de estupidez, de cursilerías, de dependencia mutua, de estancarse en la vida porque no se puede ser feliz con alguien, pero seguir amando en lo más profundo.

Cuantos de nosotros no somos aquellos Marcelos y Alicias que se amaban por un simple hecho: el no depender del otro para vivir, construyendo un amor realmente libre y por ser libre, un amor fuerte al paso del tiempo, intenso e inmortal, ligado a la realidad que nos toca vivir y que influye en cada uno de los personajes, interpretados memorablemente por una Ariadna Gil que nos conmueve cuanto expresa que ya ni siquiera puede prender un fósforo, y un Gastón Pauls que nos alienta a putear cuando lo particular y lo general nos agobian toda una vida.

Pero esta historia también es una historia de lucha, de luchar no sólo en el plano individual, sino también social, por ejemplo Alicia que entrega parte de su vida a la militancia política por un mundo mejor con justicia, la cual es mermada con el indulto de Carlos Menen a los militares de la dictadura que asesinaron miles de argentinos, entre ellos al compañero de Alicia.

Así también Marcelo, cuya lucha es más personal por tratar de ser feliz; como decía Gastón Pauls el día que pude preguntarle sobre esta película y su personaje: "mi personaje al final va hacia el amor, hacia lo que siempre creyó, y nunca pudo, nunca se animó" y además resaltó que los protagonistas “hacen arrancar aquellos trenes que estaban detenidos en sus vidas".

Sinceramente es valioso que la película reitere en contextualizar cada situación particular de la pareja dentro de una situación general ocurrida en la realidad que los envuelve. Eso da solidez a los personajes, pues todo hombre es en cierta manera producto de las circunstancias y al mismo tiempo las circunstancias son producto de los hombres. En fin, una historia muy humana, muy profunda y muy nuestra. Que vale la pena volver a ver.

Escrito por Eduardo Rodríguez A.

jueves, 4 de octubre de 2007

PERFILES: "Patricio Guzmán, el cineasta político de una buena memoria obstinada".

Difícilmente se encuentra en un continente como el nuestro, lleno de convulsiones y luchas sociales y lleno de episodios oscuros como las masacres de población civil por parte de gobiernos al servicio del imperialismo y la burguesía, cineastas que se dediquen al cine documental y busquen a través de éste, el rescate de una memoria colectiva, histórica, política y socialmente polarizada como la que existe en Chile. ¡Patricio Guzmán es uno de ellos!

Guzmán nace el 11 de agosto de 1947 en Santiago de Chile y estudio cine en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid en España hasta 1970, y desde entonces se dedicó de lleno a la realización de documentales, su primer obra fue “El primer año” que tarta sobre los primeros doce meses del gobierno de Allende, aunque se podría decir que su camino en este género cinematográfico se inicia con su mejor obra: “La Batalla de Chile”, donde se muestra los días previos al golpe fascista de Pinochet, así como el asalto al Palacio de la moneda por parte de los salvajes militares el 11 de setiembre de 1973. En esta película apreciamos claramente la polarización de la sociedad chilena como una firme evidencia de la lucha de clases en esa época, pero que sigue desarrollándose en la actualidad.

Posteriormente Guzmán continúa su trabajo realizando otras películas como “En nombre de Dios”, “La memoria obstinada”, “El caso Pinochet” y algunas recientes como “Salvador Allende”. En la mayoría de estas realizaciones documentales se recoge las dos posiciones políticas, con la intención de mostrar el antagonismo de clases que permanece en Chile, y que trata de ser asolapado por los gobiernos de turno, sino recordemos las marchas a favor y en contra que provocó la muerte del delincuente y genocida de Pinochet.

De esta manera podemos entender el cine de Guzmán como un conjunto de miradas históricas minuciosas, cotidianas y políticas, que tienen como objetivo poner a un pueblo fracturado, frente a frente con un pasado oscuro y vergonzoso, donde muchos apoyaron en esos años (1973 – 1989) los cartuchos a discreción sobre las masas indefensas y desarmadas, que aún así confrontaron la dictadura con valor y dignidad.

Para Guzmán su compromiso está con la verdad y su pueblo, y es humilde al reconocer que su obra, “si bien es cierto parte de una pequeña investigación, es un sencillo aporte a la historia, ya que son los historiadores los que deben hacer las investigaciones más completas”. Así pues creemos que el trabajo de Patricio Guzmán, es válido para entender una parte de la historia en las luchas populares, analizar sucesos históricos y sacar lecciones que nos permitan encarar de mejor manera la realidad y la crisis del sistema capitalista que nos agobia actualmente.

Sin duda Guzmán es una muestra de un hombre comprometido consigo mismo y con su realidad, y un ejemplo de que el cine y la política tiene una estrecha relación, más aún cuando se trata el documental como una herramienta que ayude a una buena memoria obstinada, a encontrar la verdad para comprender el pasado, transformar el presente y construir un mejor porvenir.

Escrito por Eduardo Rodríguez A.

martes, 25 de septiembre de 2007

PARA VOLVERLA A VER...

Mi Noche con Maud – Eric Rohmer

En Rohmer la mirada es directa, pues se centra en sus personajes y lo que dicen, tal como él lo dijo; puestos allí para que “digan”. Entonces ellos hablan y debaten: de Pascal, del matrimonio, del catolicismo, y el fondo es el mismo; el siempre cimbreante camino de la moral en los amantes. Porque son justo ellos, no solo los protagonistas sino también el escenario.

Todo en Rohmer es austero, a excepción de los diálogos, que nos intentan presentar a los personajes; aunque tendamos a internalizarlos más a partir de lo que esconden en la acción. El uso del blanco y negro refuerza la idea de centrarnos en lo que dicen. Gran trabajo de Néstor Almendros que nos permite dibujar muy bien los escenarios, los tonos de gris están muy bien divididos y simplemente desaparece la escenografía, sólo quedan los personajes.

Jeane Lousie, joven ingeniero que regresa a Francia luego de varios años, es el protagonista y centro del debate moral, choca constantemente; desde la primera secuencia, cuando se distrae de la ceremonia litúrgica por ver a una mujer: Francoise, por quien se siente atraído de inmediato. Una voz en narración nos avizora, no sólo su deseo sino también su convicción de que ella será su esposa.

Se encuentra con Vidal, antiguo compañero del Liceo quien lo invita a pasar la noche buena en casa de una amiga. Entrañable escena en el departamento de Maud (encandilante Francoise Fabián), allí se debate Jeane siendo el centro del cuestionamiento, su catolicismo, es siempre puesto a prueba por sus compañeros de velada y aunque termina siendo impermeable, el mismo se cuestiona, hipócritamente, escapando a los arrebatos de Maud, pero intenta ceder en segundo término. La doble moral se degenera al pasar de soslayo con las necesidades más internas de los hombres. Y él es testigo, pues queda prendado de Maud y sin embargo no duda en abordar a Francoise a quien vuelve a encontrar por casualidad.

El tema moral es complejo en Rohmer, redime a sus personajes a partir de la culpa, todos han engañado y han sido engañados. Así, por ejemplo, borran sus deudas Francoise y Jeane Louise una vez casados, simplemente dejando de lado aquello que los perturba. Tal como en la última secuencia cuando la pareja se encuentra con Maud luego de cinco años y decide con este encuentro dar por cerrado sus capítulos pasados. Salta aquí, un postrer sentimiento, que Rohmer crea a Maud como una estación de definitiva importancia, pero que finalmente se termina abandonando. Y es ella, dentro de todo el bagaje de personajes, quien pierde.

Escrito por Daniel Anteparra O.

martes, 18 de septiembre de 2007

CRÍTICA: UNA SOMBRA AL FRENTE

Una interesante reseña de nuestra historia nacional.

La última película de Augusto Tamayo, Una Sombra al Frente, que cuenta con las actuaciones protagónicas de Diego Bertie y Vanesa Saba, es un válido esfuerzo de narrar parte de nuestra historia a inicios del siglo XX, a través de la vida de un ingeniero y el cómo éste va en busca de su redención dentro de un ambiente cargado de emociones.

Enrique Aet, ingeniero peruano, tiene como primer reto la construcción de un puente en la selva del Perú con la finalidad de integrar el oriente al resto del país, pero se encuentra con la fuerza de la naturaleza y tanto él como su obra son vencidos, pues el puente se destruye y las críticas por parte del gobierno de turno no se dejan esperar. Ante esta situación y luego de un periodo de recuperación después del accidente, el ingeniero regresa a Lima para pedir continuar con las obras, pero su petición es negada.

Es aquí donde se reencuentra con su familia y un hermano militante a favor de los trabajadores; con su novia con la cual no se quiere comprometer; y con una burocracia que desconfía de su capacidad, motivándolo a viajar a Europa para seguir creciendo profesionalmente y de donde regresa años después para demostrarse a sí mismo y al país que sí se puede progresar si se trabaja responsablemente.

A pesar de tener un ritmo lento y pausado, debido a que la película demora en “arrancar”, este film nos muestra de una manera sólida, una época donde la actitud de progreso e integración física de nuestro país era una inquietud general. Creemos que la historia está lograda no sólo en guión, sino también en ambientación y vestuario. Además su lenguaje con movimientos de cámara suaves y planos de mediana duración, hacen agradable la narración.

Los efectos especiales son muy perceptibles, pero aceptables, no alteran mucho la armonía visual del relato; las actuaciones son buenas aunque algunas de los personajes secundarios no complementan a los protagonistas, y en lo que se refiere a la banda sonora, se nota el esforzado trabajo de post producción y la buena musicalización que acompaña adecuadamente las escenas sin caer en saturación. En conclusión una rescatable película que recomendamos en ver, aunque estamos seguros que de repente mucha gente no entre en empatía con ella, pues la predominancia de los estereotipos narrativos y de efectos visuales hollywoodenses dominan en la mente de muchos espectadores, sin embargo parte de la lucha por revertir eso, es hacer películas como ésta donde se reseñe parte de nuestra historia nacional.

Entendemos también que ya hay muchas críticas desde diversas perspectivas, algunas salameras, otras devastadoras, nosotros consideramos esta película un obra importante por su valor histórico, y porque va de acorde a una parte de la concepción que tenemos del cine, referente a concebir el cine como parte de nuestra memoria colectiva, pues gracias a esta película hemos podido valorar el esfuerzo no sólo de los ingenieros, sino de los obreros que en un pasado forjaron aquellos puentes, carreteras o medios de comunicación, que muchos de nosotros usamos cómodamente. Además preferimos mil veces ver la bandera peruana en pantallas que ver una norteamericana, así como también creemos que estas películas no son para volvernos nostálgicos, sino para conocer parte de nuestro pasado, entender nuestro presente y construir un futuro diferente. Cualquier comentario estamos prestos al debate.


Escrito por Eduardo Rodríguez A.