jueves, 14 de junio de 2007

CRÍTICA: LA MALDICIÓN DE LA FLOR DORADA

UN IMPERIO QUE SE ESTREMECE DESDE SUS ENTRAÑAS

No es novedad que el cine asiático, especialmente el chino ha venido desarrollándose de manera impresionante en su técnica cinematográfica, y esta nueva entrega del director Zhang Yimou, el mismo de “La casa de las dagas voladoras”, es prueba de aquello. Esta película épica nos remonta a la china del siglo X, tiempos de emperadores y dinastías envestidas de un poder asentado sobre poderosos ejércitos de bravos guerreros que someten a la población a una servidumbre casi divina.

La historia en sí, nos habla de la vuelta al palacio imperial del emperador Ping y su hijo, el príncipe Jai, luego de tres años de estar batallando en el frente, con el pretexto de celebrar con la familia el festival Chong Yang, pero sus verdaderas intenciones están dirigidas a castigar a la emperatriz Fénix. Por otro lado el hijo mayor del emperador, el príncipe Wan, ha estado manteniendo una ilícita relación con la esposa de su padre y a la vez tiene un amorío con la hija del doctor imperial, que prepara una medicina “especial” para la emperatriz enferma, es el colaborador mas cercano de su majestad Ping, y está casado con una mujer cuyo pasado está ligado a la nobleza.

Entre todos estos enredos y personajes se esconden verdades que remecerán el imperio en su principal entraña: la familia real, especialmente la disputa entre los dos esposos, lo cual lleva a la emperatriz a preparar un golpe de Estado, cuyos indicios son el bordado de 10 mil flores doradas de crisantomo, con el fin de liberar a ella y a sus hijos, de la mano de hierro de su consorte, y es en este proceso donde una sangrienta batalla enfrentará a muerte a los gobernantes imperiales, antes de dar paso a revelaciones y desenlaces inesperados.


Con esta trama que aborda temas recurrentes en el cine de oriente como el incesto, la traición y la guerra, Zhang Yimou cuenta una historia que nutre la narrativa cinematográfica de imágenes imponentes por su colorido intenso y el manejo coreográfico de cientos de personas, principalmente en las escenas de acción. Así también, como por su detallado trabajo en vestuario y las maravillosas vistas del palacio imperial tanto en el día como en la noche. Respecto al trabajo de los actores creemos que Gong Li (La emperatriz) es la que más destaca dentro de todo el elenco por la interpretación de una mujer impotente de vivir como realmente quiere, aunque hubiera podido dar más.

Cabe mencionar para finalizar, que esta película nos muestra cómo dentro de las más altas esferas del poder en sociedades aparentemente estables y autodenominadas ejemplo a seguir, la traición y la poca moral rondan constantemente a los gobernantes, quienes ocultan sus bajezas mientras castigan a sus servidores incluso por decir algo que al rey , emperador o presidente no le gusta. Cuando terminó la película una pregunta se me vino a la cabeza. ¿Qué tanta similitud habrá entre el emperador Ping y el emperador de la casa blanca estadounidense?

1 comentario:

Anónimo dijo...

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